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Del desierto de Gobi al Lago del Oeste: el regreso centenario del legado de Dunhuang

A finales de primavera, la lluvia ligera cubre las antiguas calles de Dajing, en el histórico barrio de Qinghefang de Hangzhou. En este entorno donde conviven tradición urbana y memoria cultural, el Centro Artístico Chang Shana se ha convertido en un nuevo espacio dedicado a la preservación y transmisión del arte de Dunhuang.

A la entrada del recinto, una escultura de bronce reproduce la imagen infantil de Chang Shana dibujada por su padre en París hace más de noventa años. La pieza resume simbólicamente el inicio de una historia familiar marcada por el compromiso con el patrimonio cultural chino.

El pasado 26 de marzo, Chang Shana cumplió 95 años. Tras dedicar más de ocho décadas a la protección y difusión del arte de Dunhuang, regresó finalmente a la ciudad natal de su padre, completando un recorrido cultural que atraviesa casi un siglo de historia.

La historia de esta herencia cultural comenzó con Chang Shuhong, considerado uno de los primeros grandes protectores modernos de Dunhuang y conocido en China como el “guardián de Dunhuang”. Nacido en Hangzhou en 1904, estudió arte en París y, en 1935, descubrió por casualidad reproducciones de los murales de las cuevas de Mogao. El impacto visual y artístico de aquellas imágenes lo llevó a abandonar su vida en Francia para regresar a China y participar en la conservación de este patrimonio histórico.

En 1943, Chang Shuhong se trasladó al desierto de Gobi junto a su hija, entonces de apenas doce años, para instalarse en las Cuevas de Mogao. Durante décadas, padre e hija vivieron entre las cuevas, dedicados a la copia, investigación y conservación de murales y esculturas budistas.

Criada en el entorno austero de Dunhuang, Chang Shana desarrolló desde muy joven una profunda relación con el arte mural y los patrones decorativos de la Ruta de la Seda. La frase que su padre le repetía —“nunca olvides que perteneces a Dunhuang”— terminó convirtiéndose en el eje central de toda su trayectoria artística

A diferencia de generaciones anteriores centradas únicamente en la reproducción de murales antiguos, Chang Shana integró elementos estéticos de Dunhuang en el diseño contemporáneo. Su obra más conocida, el Plato Grande de Palomas de la Paz, fue utilizada como regalo diplomático de China y ayudó a proyectar internacionalmente la estética oriental inspirada en Dunhuang.

Bajo el lema «Regreso y Herencia», el centro artístico exhibe más de 200 piezas, incluidas cartas personales, manuscritos, obras conjuntas de padre e hija y documentos relacionados con la conservación de Dunhuang. El conjunto reconstruye la historia de dos generaciones que dedicaron su vida a preservar y renovar la tradición artística china.

El emplazamiento del centro posee además un fuerte significado simbólico. Situado en la tierra ancestral de la familia Chang, representa para Chang Shana un regreso a sus raíces tras toda una vida vinculada al desierto de Gobi y al arte mural de Dunhuang.

Desde el descubrimiento de Dunhuang en París hasta décadas de trabajo en Mogao y el regreso final a Hangzhou, la trayectoria de la familia Chang refleja la evolución de la protección del patrimonio cultural chino durante el último siglo.

Hoy, el Centro Artístico Chang Shana funciona también como un puente cultural entre China y el mundo. A través de exposiciones, investigación y difusión artística, el legado milenario de Dunhuang continúa expandiéndose más allá del desierto para integrarse en el diálogo cultural contemporáneo.

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